Entre Eta, Iota y sanguijuelas


Ficha de identificación.

NOMBRE:                                   Emerson Osiel Martínez

EDAD:                                         8 años.

TIPO DE DISCAPACIDAD:        Intelectual

DIAGNÓSTICO:                         Parálisis cerebral infantil

LOCALIZACIÓN:                        Aldea Pavón 1, Urraco Pueblo, El Progreso, Yoro, Honduras.



Testimonio de un sobreviviente.

Luego de un mes abatido por Eta e IOTA, Emerson Osiel se presenta a CAPRODI en los brazos de su madre; quien manifiesta la triste historia de sobrevivir en medio del agua, serpientes, sanguijuelas y cubiertos apenas por ramas improvisadas donde filtraba la copiosa lluvia. Emerson Osiel, su madre y el resto de la familia estuvieron 16 días incomunicados completamente en el bordo de la aldea Pavón 1, una zona perteneciente a los excampos bananeros, hoy invadida por la palma africana, el olvido estatal y la añoranza de la “gloriosa” compañía bananera.

La familia y otros vecinos se situaron frente al campo de futbol, sobreviviendo con más ganas que recursos. Mientras las familias se dedicaban ir a cusuquear y garrobear para poder comer, los menores de la comunidad quedaban guarnecidos solamente por ramas mal puestas en medio de aquel diluvio apoteósico. Toda la comunidad estaba sumergida en agua y las autoridades locales ausentes. Ningún grupo de emergencia llegó para auxiliarles. Un helicóptero que se acercó al campo de futbol, el quinto día, como extraído de otra pesadilla, llevó cuatro bolsitas de café, algo de azúcar, un poquito de frijoles y un paquete de agua potable; lo cual era insuficiente para sostenerse dignamente. “Tuvimos que hervir agua de los pozos con las turbinas para poder saciar nuestra necesidad”,  dice la madre, al tiempo que abraza a su hijo queriendo aislarle de aquellos duros momentos.

Y no es para menos, sin energía, sin señal telefónica, sin alimentos o agua potable. Haciendo balsas improvisadas de tablas, los hombres de cada familia salían a ver como cazar para sostener las quince familias, que aglutinadas, estaban a merced de las inclementes aguas del poderoso Ulúa. “las mujeres cuidábamos que no pasara nada, pues quedamos totalmente a la deriva y sin ninguna alternativa mas que aferrarnos a la vida”; continúa narrando la mujer, con los estertores del miedo en la garganta.

Emerson, vive con su mamá, papá y dos hermanos más; nadie sabía cómo iba a sobrevivir. Su hermano menor Isaí, de tres años, gritaba duramente “¡mama, saque a Osiel, mama, mama, saque a Osiel!”. Temía con lágrimas en sus ojos, que con la crecida del agua, y cada vez que volvía a crecer le pasara algo a Osiel. Al no tener ni una silla de ruedas para sentarlo, el hermano mayor, de 14 años, Elvin David, lo sacaba chineado cuantas veces fuera necesario. En cambio, Osiel sin comprender lo que pasaba tan solo se asustaba y sufría convulsiones del mismo miedo, no podía hacer más que resistir. Como madre “fue una experiencia tan dura, con una mano atrás y otra adelante”. Sus ojos aun reflejando la impotencia y el temor.

“Regresamos a casa el viernes 04 de diciembre, sacando lodo, limpiando, más toda la plaga de sancudos, mosquitos, el agua de las palmas no se ha secado. Seguimos incomunicados”. De la comunidad solo se puede salir en chapulín. “Vine porque prioricé traerlo a la terapia, me urgía la terapia de mi hijo. Me vine en jalón, pero venimos y no queremos que se detenga el proceso de rehabilitación de mi hijo”.

“Comparto con CAPRODI MI TESTIMONIO, para que sepan todo lo duro que es sobrevivir en medio de la nada, en un bordo, sin comida, bebida, sin abrigo y tener que compartir entre cinco la misma cobija, tan solo con palma alrededor, anhelando esta nos proteja para poder amanecer”.

Cuenta aquella mujer con una voz monótona y casi convertida en un espectro del pasado, que ni caminar se podía, quienes lo intentaban terminaban con 9 o 10 sanguijuelas prensadas en los pies descalzos, las mordeduras de aquellos anélidos eran tan potentes que sus víctimas las andaban de chancletas.

Este relato pretende recoger las difíciles experiencias que vivieron aquellas personas, las más excluidas de las excluidas, quienes están olvidadas por el Estado hecho gobierno, por las corporaciones municipales, por la llamada “sociedad civil” y por una iglesia que pregona a un dios distante, altísimo y alejado de aquel Nazareno humano y comprometido.

Este relato pretende reivindicar a las víctimas de las sanguijuelas políticas, abanderadas de la política partidaria, vernácula y aprovechada de las personas con mayor necesidad; las personas con discapacidad.



Karina Flores


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Publicado por Centro de Atención Progreseño a la Discapacidad caprodi en Viernes, 7 de mayo de 2021
 
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