La Parentela Miserable

 

Hace algunos años una niña casi adolescente, llegó a mi oficina que hacía las veces de consultorio, con el propósito de expresar la angustia y el desamparo que sentía. Acababa de llegar de una comunidad rural del sur de la ciudad, las exigencias del pueblo semi-urbanizado la tenían abrumada, pero lo que más sufría era los efectos de la desigualdad, los primos y las primas, la chavalada del barrio y del colegio le hacían  el centro de las burlas. Ella pagaba con su silencio y dolor proceder de una comunidad empobrecida, marginal y alejada de las actualizaciones modernas.

En tiempos de pandemia el rostro de aquella muchachita, viene a mí de forma adictiva en cada historia, en cada voz, en cada nombre y en cada necesidad de las personas con discapacidad, con la que he podido conversar, y que por la limitación de nuestros recursos no hemos sido capaces de apoyar.

En estos casi 5 meses de confinamiento, CAPRODI me ha ofrecido la posibilidad de llegar a distintas comunidades urbanas y rurales de la ciudad de El Progreso, en donde las realidades de las personas con discapacidad, son tan diversas, pero igual de dolorosas. En el fondo solo se expresa la ausencia del Estado, el abandono gubernamental, la carencia de políticas públicas, el desinterés de la sociedad civil y la mirada distante, lejana, fría de la cooperación internacional.

La pandemia nos ha golpeado a todos y a todas, una gran verdad que se necesita diseccionar con el fino bisturí de un cirujano, para ello citaré dos ejemplos cada uno digno de más que un par de líneas.

Los niños y niñas con discapacidad que de forma silente en los últimos años han gritado por una educación inclusiva, en la virtualización de la pandemia están en un rezago casi absoluto, por la falta de acceso al internet, porque no tienen aparatos de gama media que favorezca la accesibilidad, porque el profesorado no sabe cómo adaptar las metologías para el alumnado con discapacidad visual o auditiva, porque la secretaría de educación no tenía idea al cuarto mes de pandemia que hacer para adaptar la virtualización y acercarla a los niños y niñas que tienen la posibilidad.

Lo mismo pasa con las personas con discapacidad y cuya condición crónica demanda algún tipo de medicamentos permanentes, los medicamentos anticonvulsivos, los antipsicóticos, los antidepresivos, entre otros, han estado ausentes del cuadro básico nacional. Por falta de presupuesto, voluntad política, pobre planificación, desidia o negligencia; por la razón que sea, se demuestra que las personas con discapacidad no son prioridad. Además no importa, quien se imagina  mil estudiantes con discapacidad visual protestando por que no tienen acceso a sus estudios virtuales, o a doscientos mil personas depresivas reclamando por sus medicamentos, o a ochenta mil personas usuarias de sillas de ruedas exigiendo alimentos porque no tienen nada para llevar a la mesa. Si no se visibiliza, no pasa, ¿verdad?

Como aquella muchachita rural, las personas con discapacidad tienen que pagar con silencio y con dolor las promesas incumplidas del gobierno, el abandono estatal, las burlas de la discriminación y la impotencia de poder expresar el sufrimiento acumulado, solo por aparentemente estar condenada a ser parte de la parentela miserable.


Las personas con discapacidad en el 2021

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Publicado por Centro de Atención Progreseño a la Discapacidad caprodi en Viernes, 7 de mayo de 2021
 
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